Tuesday, September 26, 2006

Una mañana otoñal, mientral Pirlosky se preparaba para el tajo, por la acera de enfrente apareció un tipo arrastrando un cajón de madera. Cuando llegó a su altura soltó el objeto, le miró fugazmente y comenzó a sacar unos ropajes blancos del interior. Lentamente se vistió, se colocó una peluca y procedió a maquillarse el careto también de blanco. Mientras, Pirlosky observaba.
Para aquel momento, la gente ya acudía a sus obligaciones invadiendo todo el espacio de la calle y algunos miraban a los dos mamarrachos brevemente.
El nuevo se subió al cajón, realizó algunos gimnásticos estiramientos e inmediatamente adoptó una postura que recordaba de forma lejana al Pensador de Rodin.
De repente, no pudo Pirlosky evitar sentirse un imbécil al lado de aquel intelectual. Recordemos que Pirlosky se había hecho un hueco en el mundillo de la inmovilidad gracias a su recreación de un armadillo desenterrando algunas nueces. Avergonzado, pero convencido de que era demasiado tarde para improvisar, se subió a su cajón como todos los días, dirigió una mirada amedrentada al recién llegado, y comenzó a flexionar, curvar, tensar y enderezar su cuerpo hasta que finalmente alcanzó la postura que ahora se le antojaba como ridícula.
Pirlosky cerró los ojos deseando que aquel día terminase pronto.

Wednesday, August 02, 2006

Termodinámica

Bajo el sol tórrido, Pirlosky suda la gota gorda, inmóvil sobre su cajón. Los escasos paseantes le miran de reojo.
Las largas horas de inmovilidad han agudizado la sensibilidad de su cuerpo. Percibe los latidos de su corazón como cataclismos siderales, la circulación de la sangre como las cataratas del Iguazú, el metabolismo del páncreas como una fundición, las fibras de sus músculos como los cables de acero de un puente. Un ruido de fondo abrumador, de reactor nuclear sobrecalentado, delata la actividad febril de su sistema nervioso. Pirlosky siente en su pecho cómo se va formando un remolino denso y creciente que amenaza con hacer papilla su triste encarnadura.
¡Aprieta los dientes, Pirlosky!
Cuando ya el dolor se le hace insoportable, grita. Grita con todo el alma, pero ni un triste sonido sale de sus labios.
Bajo un solano implacable, Pirlosky se curra la estatua.

Monday, July 31, 2006

Élitros

Como no podía dormir, Pirlosky se fue muy temprano a la esquina donde hace la estatua. Mientras la ciudad despierta, entre las sombras, Pirlosky se enmascara con un potingue amarillento. Un basurero que riega las calles le ha visto, aunque no se esfuerza mucho en no mojarle al pasar cerca.
Mientras aguarda, Pirlosky observa los regatillos del agua por las aceras: el agua negra tiene un olor intenso pero que se esfuma pronto. En medio de la calzada aparece de repente un pequeño gladiador con su coraza de cobre. Sus seis patas le plantan delante de Pirlosky en un santiamén. Se yergue y agita sus antenas en señal de saludo y buenos días. Con un reflejo metálico de su braquitórax responde al primer rayo de sol de la calle. Pirlosky quiere corresponderle ofreciéndole como desayuno un poco de la pringue mantecosa con que se está maquillando. Con uno de sus dedos embadurna una pizca del bordillo. El guerrero se frota las antenas de gusto y se dirige hacia la cuneta.
Un hedor a estiércol y a leche podrida destila el camión del lechero cuando machaca al orgulloso coleóptero.
Pirlosky se sube a su cajón.

Sunday, July 30, 2006

Pirloskiana

Pirlosky es un payaso. La sociedad lo hizo así. Le produce una gran tristeza que los niños le huyan o que los mayores le reprochen que no se toma nada en serio. ¿Qué puede hacer él?. Su mirada se parece un poco a la de los perros abandonados en la carretera, también a la de un concertista rumano en la época del telón de acero. No es raro que los niños le huyan.
Hace mucho tiempo que nadie sonríe al verle. Al contrario que otros artistas de la calle, no tuvo un pequeño momento de gloria. La repugnancia que inspiran su máscara y sus vestidos ajados contagia a los paseantes, que se apartan de él con muecas de desagrado.
Pirlosky está pensando en cambiar de trabajo.